lunes, 19 de noviembre de 2018

Detrás del miedo...

Frío... Lo odio, y no solo por la ausencia de calor, sino porque me recuerda lo doloroso que pueden llegar a ser los vacíos que ha dejado la soledad.

¿Cuánto se puede llegar a perder por el miedo? Mucho, quizá las mejores oportunidades que la vida pueda presentar se han perdido por el temor al fracaso.

¿Perdí? Quizá, pero, ¿Cuánto se puede perder a distancia? No lo sé, probablemente nunca lo sepa, seguramente prefiero por encima de muchas cosas mi paz y mi zona de confort... Sí lo sé, suena mediocre.

Pero hay un corazón demasiado roto como para arriesgarme una vez más, lo intenté, estuve incondicional a pesar de todo, a pesar de las heridas y los fracasos, a pesar de la traición.

Pero la paciencia también se agota, aún cuando el amor pueda ser incondicional.

El miedo a salir lastimada (esto debí haberlo sentido mucho tiempo atrás) me ha dejado sin ganas de volver amar... Quizá la soledad y yo nacimos para hacernos compañía una a la otra, hasta que su silencio me consuma... Quizá el pequeño destello de luz que se asomaba entre la cornisa de esperanza en mi vida, haya sido solo una ilusión de un anhelo que con el paso del tiempo se ha ido desvaneciendo.

Quizá detrás del miedo pude haber encontrado tu ceño fruncido, tu mechón de canas, y tus sonoras carcajadas, tus ojos somnolientos, tus historias fascinantes y tu voz, esa con la que muchas veces me arrullé por la noches, y la primera en escuchar por la mañana.

En fin... De las ilusiones no se vive, esta vez (demasiado tarde) pero decidí no arriesgar más.


Y henos aquí nuevamente... Sin nada, sin nadie.


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