domingo, 30 de diciembre de 2018

La Princesa de Papá


…Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y te dije vive, sí te dije vive… Y pasé otra vez junto a ti, y te miré, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía…
                                        Ezequiel 16:6,8

¿Por dónde comenzar?
La historia es larga y abrumadora, en cierto modo, quizá común, el deseo de sentirse amada e importante quizá fue lo que me llevó al final y al principio de todo, sí, en ese orden.
Y es que ¿Quién no desea tener un abrazo nocturno, un beso en la frente de buenas noches y el susurro en el oído de un: Aquí estoy, yo te cuido?

Sí, el deseo de una niña, que siempre quiso ser la princesa de papá…

El anhelo de sentirse amada y protegida, jamás se fue, y se convirtió en la pesadilla que me llevó a tomar las peores decisiones, aquellas que me llevaron a vivir el infierno en vida.

Consumida en el rechazo, la marginación, la burla y la difamación, buscaba fervientemente a alguien que fuera capaz de amarme con la lista interminable de defectos que me acompañaban, pero lo único que conseguía era satisfacer los bajos instintos de aquellos que engañosamente se acercaban con la promesa del amor que jamás conocí, y fue así como prostituí mi corazón, haciéndolo trizas una y otra vez, con la esperanza de poder encontrar el amor eterno del que tanto hablan en las películas y cuentos, repitiéndome una y otra vez que sí existía, y aun estando demasiado herida y con el corazón hecho escombros, sabía que algún día lo iba a encontrar.

Cansada y abatida, me di por vencida, y aceptaba lo que fuera que llegara a mi vida… ¿Quién podría amar alguien como yo? Esa era una pregunta que me asaltaba todo el tiempo, por lo menos dos o tres veces al día. Estaba tan sumergida en mi propia miseria que comencé a vivir solo por vivir, y es que todo me salía tan mal que incluso al intentar terminar con mi vida fracasé, como en todo lo demás.

Y fue así, como el me encontró, literalmente, ya no tenía nada que perder, con una familia totalmente disfuncional, una dignidad aplastada y una reputación que me hacía precedente con todos los que me conocían… Y no lo soporté, debo admitir que ya le había escuchado antes, pero acercarme me llenó de temor, y al escuchar su voz llamarme la primera vez, me hizo huir, y era razonable ¿Cómo alguien como él, podría estarle hablando a alguien como yo? Pero la segunda llamada ya no la pude resistir… Un tal Jeremías lo describe así:
“Me sedujiste y fui seducido, más fuerte fuiste que yo, y me venciste”

Y sucumbí ante su dulce voz, ante una ternura que jamás imaginé que podría existir, nadie me había mirado así, con el amor que siempre había deseado, y esta vez sin condicionarme, fue caer de rodillas y perderme en esa presencia que me inundaba de pies a cabeza, era sentir como las costras que causaban la infección y hacía supurar aquella herida estaban siendo retiradas, limpiadas y sanadas haciendo que el hedor que despedían fuera desapareciendo… 

Jamás imaginé que tal amor pudiera existir, me habían contado del Él, pero creí mucho tiempo que eran solo cuentos hasta ese día…

Estando ahí, de rodillas, una vez que pude levantar mis ojos, vi una cruz, y desde ahí supe que sus brazos estarían siempre abiertos esperando que yo me refugiara en Él, y que solo se cerrarían para abrazarme y darme el amor que siempre soñé… Comprendí entonces, que las ausencias y carencias de la infancia, habían sido necesarias para conocer el amor que nunca falla, que no es como el de los cuentos de hadas, ni el de las películas, porque su amor no tiene final, porque su amor dura una eternidad, porque trae vida, esperanza, propósito, porque resucita sueños, enciende anhelos y te da alas.

Jamás volví a ser la misma desde entonces… Sí, a veces sigo teniendo temor, a veces parece que puede haber algo de soledad, también el cansancio y la tristeza se hacen presentes, pero ahora cada noche El me abraza, besa mi frente y me dice: Aquí estoy, yo te cuido.

Ahora soy la princesa de Papá.




Derroche de Amargura


Aplaudo tu osadía, y las agallas que tienes para mentir, se te da tan bien y de forma natural… Mira que el engaño es todo un arte y tú te convertiste en un gran maestro.

Así que lista para terminar el año, brindaré por ti, porque creaste el personaje perfecto para romperme el alma, los sueños y los anhelos, aquel que regresó el odio a mi corazón, ese odio que por tanto tiempo pude mantener lejos de mí, y que tú sin piedad alguna y con tus mentiras hiciste renacer.

Tomaré varias copas en tu memoria, quizá derrame algunas lágrimas y entonces me aseguraré que antes de que el reloj dé la última campanada que anuncia la agonía del año que termina, que te olvidaré, que te enterraré para siempre, que jamás volveré a ver mi teléfono con la esperanza de que seas tú cada vez que suene…

Y no, juro que no vendrás conmigo en mi memoria a iniciar un año más, juro que no será así, porque no lo mereces.

Creaste una gran careta de todo aquello que yo siempre anhelé, el hombre del que me enamoré jamás existió, solo creaste el espejismo perfecto de todo aquello que siempre soñé, para mantenerme ahí para ti, aunque nunca estuviste para mí… No entiendo que ganabas lastimándome como lo hiciste, para que tenerme ahí… En fin, jamás lo entenderé.

Por ahora y en estos momentos, te has convertido en la inspiración de mi desdén y decepción y con tono de amargura vengo aquí a desahogarme, a lamentar el momento en el que acepte aquella llamada telefónica que cambio mi vida durante más de un año… 

No me arrepiento de las cosas que dije, porque sé que mucho de lo que hablé, eran mensajes del cielo para ti, de lo que si me arrepiento, fue de haberte amado, de haberme enamorado de alguien que no existe, pero en fin, creo que lo disfrutaste, y me imagino que seguirás por ahí rompiéndole el corazón a muchas más jugando a ser el hombre perfecto, huyendo del compromiso, amando la mentira, porque la soledad se convirtió en tu mejor compañera, tu amante y tu cómplice, porque ella no te obliga a cumplir las promesas, porque ella no pide nada a cambio, porque te abraza cada vez que te hartas de lo que te rodea, porque no tienes el valor para cambiar y ser radical, porque no eres ni tan valiente, ni tan violento para hacerlo, porque te faltan las agallas y te sobran los pretextos, porque no te amas, ni amas lo suficiente.

Así que te dedicaré estas líneas, derrocharé mi amargura, mi frustración y enojo, quizá aparezcas por ahí en mis recuerdos una que otra vez, pero me aseguraré que, así como lleguen se vayan.

No te deseo un mal, mi capacidad de odiar no llega a tanto, tengo mis límites, solo espero que jamás te enamores de alguien como tú, no te mereces tanto mal, ni que llegues amar como yo, porque te darás cuenta de que el amor sin condiciones existe, y que lo tuviste en tus manos, pero te quedó tan grande que no supiste que hacer con él.



Razones


Busque todas las razones correctas para quererte, porque generalmente ocasionas todo un caos dentro de mí, en donde colisionan todas mis emociones al saber que en cualquier momento te darás la media vuelta para no volver nunca más.

Quizá porque duela menos el vivir esperando eso que nunca ha de llegar, la distancia eterna y el saber que por ahí eres de todas y de nadie a la vez, que tus palabras han llegado a muchas que se han idealizado en el eterno abrazo de tu olvido, porque juegas a estar y te vas.

¿Quién eres en realidad y qué buscas?

Probablemente en el engaño de aquello que finges ser, esté el ideal de lo que siempre haz anhelado convertirte… Pero no te has dado cuenta que solo vas por la vida creando ilusiones con palabras lisonjeras que jamás llegarás a cumplir, rompiendo corazones con promesas nupciales que nunca vas a hacer realidad y eso es bastante bajo incluso para ti…

Entonces, agradecida debo estar por tu última partida, por tu desprecio y desdén, porque ha sido un favor divino, el que necesitaba para abrir los ojos y renunciar definitivamente a ti, para no volver a esperar que regreses con una nueva excusa, con otra mentira, con un pretexto más.

Sí, debo de agradecer al cielo su eterno amor y su intervención oportuna, porque lo hubiera dado todo por ti, sin dudas, sin cuestionamientos, sin condiciones, porque te era fiel, porque te creí, porque de verdad que veía el otro lado de tu alma, la pasión desenfrenada, el guerrero que jamás se dio por vencido, vi lo que ni siquiera tú alcanzabas a ver…

Así que en estas líneas que espero que algún día llegues a leer, quiero hacer de tu conocimiento que por fin te dije adiós, porque no puedo seguir en el eterno juego donde regresas y te vas, sobre todo porque sé que nunca fuiste mío, sólo mío, como yo solo fui de ti… Me despido deseando que encuentres todo lo que estás buscando, que tu alma se satisfaga, que tus deseos se cumplan y que tu vida se llene, que la soledad se termine y que su propósito eterno te alcance.


Perfecto para mi


¿Cómo renuncio a ti?

Simplemente de mi mente no te quieres ir… ¿Cómo te borro?

Siento que mi cabeza está a punto de colapsar, pues no dejo de pensarte, tus palabras hacen eco una y otra vez dentro de mí.

¿Cómo pude ser tan estúpida? Porque me permití enamorarme de algo que era totalmente imposible, tan lejano, tan… Tú.

Cada día al anochecer solo deseo poder descansar, y de nuevo apareces, en mis sueños, asaltas mis pensamientos y te conviertes en el dueño y autor de mis insomnios, y cansa, duele, porque simplemente no estas.

La duda me consume ¿Pensarás en mi tanto como yo en ti? ¿Mis oraciones te estarán alcanzando?
O quizá pudiste hacer lo que yo aún no consigo, eliminarme de tu vida…
Y no puedo cambiar en ningún modo el haberte conocido, no lo pude evitar y ahora simplemente no puedo presionar un botón que diga borrar para eliminarte de mi mente, porque es ahí donde sólo existes…

Y es que me sigo haciendo la misma pregunta ¿Cómo te enamoras de alguien que ni siquiera conoces? ¿Cómo puedes memorizar cada gesto, el tono de su voz, su risa escandalosa, cada tartamudeo al hablar, su mirada triste, la forma de sus manos, cada arruga en su rostro, su ceño fruncido, su mechón de canas, sus labios, cada tatuaje en su piel, contando una historia, una victoria, un inicio y un final?

¿Ves? Me grabé cada espacio de ti, sin mencionar tus historias, que una y otra vez me han enseñado que siempre se puede vencer, cuando el creador del universo tiene un propósito y un plan para nuestra vida…Y heme aquí ahora intentando huir de lo que me ligó a ti, para que tu ausencia no me duela, para que la ilusión muera, para poder continuar… Pero, aunque nunca te conocí, aunque nunca pude acariciar tu rostro, aunque jamás pude despertar en tus brazos y besar tu frente, desde que te escuché por primera vez, supe que eras perfecto para mí.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Detrás del miedo...

Frío... Lo odio, y no solo por la ausencia de calor, sino porque me recuerda lo doloroso que pueden llegar a ser los vacíos que ha dejado la soledad.

¿Cuánto se puede llegar a perder por el miedo? Mucho, quizá las mejores oportunidades que la vida pueda presentar se han perdido por el temor al fracaso.

¿Perdí? Quizá, pero, ¿Cuánto se puede perder a distancia? No lo sé, probablemente nunca lo sepa, seguramente prefiero por encima de muchas cosas mi paz y mi zona de confort... Sí lo sé, suena mediocre.

Pero hay un corazón demasiado roto como para arriesgarme una vez más, lo intenté, estuve incondicional a pesar de todo, a pesar de las heridas y los fracasos, a pesar de la traición.

Pero la paciencia también se agota, aún cuando el amor pueda ser incondicional.

El miedo a salir lastimada (esto debí haberlo sentido mucho tiempo atrás) me ha dejado sin ganas de volver amar... Quizá la soledad y yo nacimos para hacernos compañía una a la otra, hasta que su silencio me consuma... Quizá el pequeño destello de luz que se asomaba entre la cornisa de esperanza en mi vida, haya sido solo una ilusión de un anhelo que con el paso del tiempo se ha ido desvaneciendo.

Quizá detrás del miedo pude haber encontrado tu ceño fruncido, tu mechón de canas, y tus sonoras carcajadas, tus ojos somnolientos, tus historias fascinantes y tu voz, esa con la que muchas veces me arrullé por la noches, y la primera en escuchar por la mañana.

En fin... De las ilusiones no se vive, esta vez (demasiado tarde) pero decidí no arriesgar más.


Y henos aquí nuevamente... Sin nada, sin nadie.


sábado, 17 de noviembre de 2018

Tú...

Desvelados...

Ya es algo que se ha vuelto normal en nuestra rutina ¿No es así?

La distancia ha sido nuestra cómplice y también muchas veces nuestra enemiga.

Los miles de kilómetros que nos separan se acortan a través de la línea telefónica, que la mayoría de las veces no ha sido suficiente para satisfacer el deseo ardiente de consumir tu cuerpo, fundiéndolo con el mío en el eterno abrazo de dos almas que nacieron para estar juntas, en circunstancias que nos llevaron a estar lejos el uno del otro, pero que a pesar de ello se pertenecen.

Y así se fueron pasando las noches, y con ellas el amor se fue despertando, hasta darme cuenta que ya no podía verme sin ti... Llegaste a ser un bálsamo para las heridas que dejaron las derrotas de las guerras del pasado.


Te encontré cuando estaba echa trizas, derrumbada y sin ganas de vivir, y comenzaste a armar mi corazón pieza a pieza, me enseñaste que las derrotas son temporales y que las victorias que nos están esperando serán eternas.

Y fue así como me enamoré, no me pude resistir... Es loca la idea de amarte aunque no te conozca físicamente, pero ¿No es así el amor? Impulsivo, apasionado, de valientes y violentos, de locos, de imprudentes, de salvajes que se aventuran a lo desconocido sin medir los riesgos, y a caso ¿Tu no lo vales?

Lo perdí todo, y encontrarte fue encontrarme a mí, y te amé, como jamás pensé amar a nadie más...

Me enamoré de tus carcajadas nocturnas, de tus interminables historias que me llevan a conocer a un extraordinario ser humano lleno de vida y de experiencias, al cual la vida le jugó duro tantas veces pero cada una de ellas se levantó para luchar de nuevo.

Amo cada rincón de tu rostro, cada arruga y tu mechón de canas que solo denotan la experiencia que el paso del tiempo ha dejado, las vivencias acumuladas en tus ojos y el brillo de tu sonrisa que desvanece cada duda que surge en mi mente.

Y solo puedo decir ¡gracias!  Por llegar así, por quedarte, por amarme, por rendirte a este amor, por despertar en mí, sueños que creí perdidos y olvidados, gracias por devolverme la sonrisa, por regresar los anhelos, por alimentar el futuro, por creer en los dos.











jueves, 11 de octubre de 2018

Todo tiene su tiempo...

Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del sol tiene su hora...
Eclesiastés 3:1


La espera, es algo que impacienta al ser humano en todo momento, la paciencia es una virtud que solo unos cuantos poseen, pero que para poder lograrlo, también tuvieron que esperar.

En lo particular, siempre he sido una persona bastante impaciente, desesperada, diría yo, y eso es algo que me ha llevado a tomar decisiones que me han traído consecuencias bastante duras, consecuencias que han retrasado mis anhelos, proyectos y sueños, incluso el amor.

La generación en la que hoy vivimos parece tener prisa, he notado que todo lo quieren rápido y fácil, tanto que los que somos de generaciones mas antañas, parecemos obsoletos y anticuados en todos los sentidos, y tristemente tal pareciera que las características de este futuro inmediato nos está arrastrando con el, ante la necesidad de adaptarnos a un mundo que no se detiene ante nada, ante nadie...

Aceptar que todo tiene un tiempo determinado, tanto para comenzar o para terminar, me ha llevado a conflictos internos que han terminado en las peores batallas de mi vida. ¿Porqué? Por que siempre hay una batalla en mi corazón, por lo que quiero y por lo que es correcto, por lo que quiero y lo que Dios quiere, porque lo quiero ya y porque Dios me dice espera... Siendo honesta con ustedes, jamás supe esperar, Dios en su amor, siempre me ha mostrado la dirección correcta, a través de personas, y de aquello que su Espíritu me ha mostrado, pero ante ello, decidí tomar mis decisiones, porque a mi parecer, lo que Dios me había prometido, parecía siempre bastante lejano... Y fue así como me aventuré a seguir mi instinto, ese que no me llevaría a ningún lugar, y que me causo las peores heridas y los mas duros fracasos, la desesperación me impidió ver claro, la prisa me llevó más lejos de la meta y retrasó todas las bendiciones y oportunidades que estaban esperando por mi.

El tiempo siempre está dispuesto a ser un aliado, pero es un enemigo para todo aquel que tiene prisa, prisa por vivir, por crecer, por tener, por competir, por ser mejor, sin darse cuenta, que la paciencia y la espera siempre te darán las mejores experiencias y recompensas que jamás hayas imaginado, pero seguimos en la lucha por querer apresurar todo.

2017 ha sido uno de los años mas dolorosos y confrontadores de mi vida, un año sin duda terriblemente duro, pero a la vez el mas asombroso e indescriptible, los procesos que he enfrentado me sacudieron de una manera que jamás imaginé, y me di cuenta que por vivir de prisa, perdí de vista la meta y el propósito, que el amor y la paciencia son dos cosas que deben ir de la mano sin jamás ser separadas, me di cuenta que al dueño de mi vida no le había dedicado el tiempo que merecía, ese tiempo que me hubiera llevado a tomar buenas decisiones y a ser más sabia. Me di cuenta de que no había valorado tampoco el tiempo de las personas que me rodeaban y me amaban, porque estaba  acostumbrada a vivir de prisa y a mi modo...

Este año que pasó, me enseñó a perdonarme, a entregar el dolor que por muchos años había estado arraigado en mi corazón, por odio, por falta de perdón, y me di cuenta por fin, de lo mucho que vale la pena esperar, ser paciente.